Sueños Chamánicos, Capítulo 1.

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Sueños Chamánicos, Capítulo 1.

8 octubre, 2018 Libros 0
Sueños Chamánicos

Portada de Kindle

Presentación de Sueños Chamánicos.

Hoy les traigo el primer capítulo de mi novela Sueños Chamánicos. La auto publique en Amazon y pienso compartir los primeros capítulos por aquí, esperó sus comentarios y apoyo.


Capítulo 1.

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Entran corriendo al lugar destinado para el hospital de campaña, era una especie de foro circular con gradas por todos lados, ventanales de vidrio y acero en el techo que permitía ver el cielo con relativa facilidad, paredes de concreto con algunas ventanas.


En el centro un circulo inmenso como si se tratara de una plaza de toros pero con piso de cemento en vez de tierra.

Aún es de día cuando instalan el hospital de campaña. Desde la planicie donde estaba la ciudad se veía al oeste un paisaje conformado por el relieve de cerros de diferentes colores: los mas cercanos gris, verde y el mas lejano verdiazul.

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«Que lugar tan extraño es este», razonó Daniel por un instante pero las órdenes de Andrés no lo dejan pensar. «Este lugar me parece conocido» pensó antes de ayudar a bajar equipos médicos de una ambulancia.

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Entrada la noche un silencio angustiante se apodera de la ciudad, unos pocos minutos después de las ocho de la noche comienzan a caer los primeros bólidos del cielo, se escuchan los zumbidos y luego los impactos, las alarmas de los autos hacen ensordecedor aquel trágico espectáculo.

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Por momentos se podían ver las trazas en el cielo de colores azules y amarillos, eran los meteoritos que se evaporan y no causan daño alguno, el problema eran los mas grandes, que cae dañando todo, provocando explosiones. El tétrico escenario era de una tragedia inaudita, una lluvia de meteoritos destruía todo en su caída. Daniel no podía creer lo que sus ojos veían, sin embargo estaba claro cual era su misión aquella noche que apenas comenzaba: salvar vidas. Muy pocas ciudades habían sido evacuadas, la alerta de una situación como esta no detectó la amenaza a tiempo.

Pocos minutos después del inicio de la lluvia de los bólidos empiezan a llegar los primeros heridos de la tragedia. Paramédicos, bomberos, policías, militares, y médicos corren por todos lados.

Hasta ese momento Daniel atiende muchos pacientes, heridos por vidrios en su mayoría. De repente se oyen disparos, hay un enfrentamiento con saqueadores que aprovecharon la situación para robar algunas tiendas y la policía los dispersaba a tiros y gases lacrimógenos, pero los saqueadores respondieron a balazos y se producen enfrentamientos.

Comienzan a llegar los heridos de bala, entre ellos policías, luego entran militares con civiles heridos también. La situación es de un caos absoluto.

En ese momento entra un oficial del ejército y pide que lo acompañe un médico, sin pensarlo dos veces Daniel se ofrece.

—Yo voy teniente.

—Venga conmigo Doc vamos a apoyar a unos heridos.

—Vamos.

Se monta en un vehículo militar junto con varios soldados y el teniente. Lo que vería después lo desconcertaría.

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Unos minutos después bajan del vehículo, entran en una especie de patio dentro de una urbanización y se encuentra con una mujer literalmente partida a la mitad pero aun con vida. Tuvo que respirar profundamente para contener la sorpresa de la imagen de una mujer yaciendo en el suelo consciente pero partida a la mitad desde la cintura hacia abajo. Las vértebras L5 y S1 se veían a simple vista.

—Debemos detener la hemorragia, —le dice Daniel a un soldado con insignias de enfermero que le acompaña, y agrega: —Vamos a cauterizar todo.

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A pocos metros de ella yacía la otra mitad de su cuerpo, y colgando estaba el objeto que la había partido en dos: una guaya de electricidad de un poste que al ser impactado por un meteorito soltó el cableado eléctrico, la fuerza con la que estaban tensadas las guayas las convierten en un arma letal. Recordó haber ido con su papá a visitar la casa de un empleado y amigo de la familia que vivía cerca de una torre eléctrica. Una guaya se había soltado partiendo la casa literalmente a la mitad, el hombre bromeaba con lo ocurrido diciendo que si su esposa y él decidían divorciarse usarían la grieta de la guaya para dividir la casa.

«Una mitad para ella la otra para mi.» decía el hombre en su recuerdo, y al fondo de aquel paisaje con la casa partida en dos estaba la hacienda La Laguna, que era exactamente el mismo paisaje que se veía de día desde donde estaban. Había recordado detalles del sitio en que se encontraba, pero cómo era posible que hubiera una parte de la ciudad ahí, algo muy raro estaba pasando.

—¡Doctor me duele, me duele demasiado! —gritaba la mujer en el suelo haciéndolo volver en si de su recuerdo, mientras suplicaba: –¡mátenme no aguanto!

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El tan inmutable con el dolor ajeno tomó a la mujer por la mano mientras comenzó a acariciar la frente de esta, era una joven muchacha de unos 20 años, con un cabello largo color negro, un rostro infantil, piel blanca y unos ojos verdes que aun brillaban debajo del mar de lágrimas que manaban de ellos.

—¿Crees en Dios? —le preguntó Daniel.

—Sí.

—Entonces sabes que lo que me pides es imposible, ni siquiera Dios quita la vida.

—Inyecta morfina —le indica Daniel al enfermero, y este lo hace con aquella paciencia de quien sabe que no se puede hacer mucho.

Como si pidiera clemencia le pregunta la muchacha: —¿Doctor cree usted que si muero Dios me perdonará?

—¡Claro! Dios ya te perdonó.

La morfina comenzó a hacer efecto y la muchacha lentamente comenzó a quedarse dormida.
—Debemos llevarla al hospital de campaña de inmediato —ordena Daniel.

—Disculpe Doctor no hay mucho que hacer —le interrumpe el soldado enfermero.

—¿Como que no hay mucho que hacer? Siempre habrá demasiado que hacer.

Los soldados montan a la muchacha en una camilla, la llevan al vehículo mientras el cielo sigue iluminado por estrellas que caen.

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«Nada de lo que ocurre aquí tiene sentido», pensó Daniel, «la muchacha partida, meteoritos cayendo del cielo, esas pesadillas tan reales que parecen recuerdos en vez de sueños. Mi familia no aparece por ningún lado, qué es lo que ocurre.»

Es en ese momento en que ve a una mujer acercarse a él caminando con las estrellas fugaces cayendo en su espalda y sin que más nadie la note, y oye una voz femenina que sale de ella sin la mujer gesticular sus labios:

«Hombre de poca fe un alma en pena te pidió clemencia, y tu has abierto tu corazón: haz tenido piedad por una de mis hijas, ahora yo abriré tu mente permitiré que veas con discernimiento la realidad de lo que te rodea y que puedas ser consciente de todo.»

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En medio de aquel desastre de explosiones, el cielo y tierra encendidos en fuego se detuvieron cuando aquella mujer terminó de hablar, pudo detallar hasta los cristales detenidos en el aire, las trazas en el cielo se convirtieron en bolas de fuego encendidas.Ella misma desapareció entre vidrios que parecían fundirse con el fuego, y se esfumó en el humo dejando una estela de luz con su mirada.

Entonces en ese momento de calma en medio de ese desastre, tratando de ordenar sus ideas se dio cuenta que todo había comenzado unas semanas atrás pero no recordaba exactamente la fecha, su percepción del tiempo se había diluido, mas sin embargo sabía el momento exacto en que todo a su alrededor se había vuelto tan paradójico.

Todo comenzó aquella mañana en que despertó después de haber sufrido un accidente de tránsito.

Su memoria volvía íntegra, lentamente cada recuerdo surgía en ella, Andrés y Brayan y sus aventuras infantiles, en las que él participaba activamente o como cómplice, papá, mamá, su precaria relación familiar, sus hermanos, y Génesis, el amor de su vida, «¿dónde se metieron todos?, ¿acaso viaje en el tiempo y esta ciudad es prueba de ello?, ¿quién me habló, y de que trata todo esto?, ¿cuál es el origen de estas pesadillas y sueños tan extraños?» eran parte de las interrogantes que lo agobiaban en ese instante en que el tiempo parecía simplemente no existir, debía buscar las respuestas a todo lo que desconocía, sabía muy bien donde estaba pero en ese lugar no existía una ciudad, en aquel extraño edificio del hospital de campaña estaba la laguna, pero no existía la mínima señal de su existencia, es como si toda la civilización se hubiera devorado a la naturaleza, solo dejando como mudos testigos aquel paisaje de verde azules montañas que se ven de día hacia el poniente, y que había adornado su infancia y adolescencia.

«Andrés y Brayan tienen mucho que explicarme», pensó en el momento que cada objeto a su alrededor comenzó a moverse con normalidad, y el desastre continuó su trágico desarrollo.

—Debemos volver al hospital de campaña —exclamó Daniel casi que dándole una orden a los militares.


Tomado de mi novela Sueños Chamánicos


 

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